Project Description

Desde el camino se escucha música y murmullos de conversación. Es luna nueva. La sombra de los pinos esta noche no tiene luna. Es verano, estamos en la Gendronniere.

Salen llamaradas de la hoguera y una figura larga se acerca al círculo con algo en los brazos, empieza a tronar el tambor. Otras pequeñas percusiones se adhieren y ya la noche no teme ser oscura.

Es Manu Rodríguez.

Aparece un día luminoso. El dojo a la mañana está fresco. Hoy se harán fotos durante zazen y kin hin. Los pasos y ¡clics! transitan entre nosotros suavemente; veo un kesa casi limpiando el suelo ¡clic! clic! . Silencio.

El día de la marcha hacia el sur entre las fotos del vestíbulo aparece una mujer con coleta que roza la espalda y el kesa. Bonita foto, pienso. Me la ponen en las manos. Regalo. Gracias Manu.

Hablamos frecuentemente de las paradojas en el Zen. En teoría resultan aceptables incluso estéticas, pero cuando rozan tan de cerca, el escalofrío se apodera del cuerpo y la inquietud ansiosa de la mente ¡¿ Puedo estar tan cerca del ángel-demonio, demonio-ángel ?!

Manu llegó a Sevilla con Alice y como discípulos de Raphael Doko Triet. Muy, muy jóvenes. Vivieron en un cuartito húmedo del Dojo y aportaron mucho aire nuevo y un poco de locura.

En la Morejona, Seikiuji, compartimos muchas hora de trabajo, de copas y conversaciones y no hablo de Zazen pues no tengo claro que “ESO” se comparta.

Vino la distancia, pero de vez en cuando aparecía o llamaba. La última vez fue al final del confinamiento, quería venir a Sevilla. Le dijimos que no, que no era el momento. Argumentó que muchos franceses estaban bajando a Madrid los fines de semana, que había más libertad, que era posible. Le dijimos que no.

Ahora nos enteramos que ese monje alcohólico de kolomo grisáceo, ha muerto. Arda incienso.

Aquí tenemos su kesa marrón y su zafu de terciopelo; como él decía  “para cuando vaya”.

GASSHO

 

Fátima Myoko Carrillo.
Dojo Zen de Sevilla