23 de septiembre, Día del Equinoccio de Otoño.

En él se celebra la entrada en el Otoño.

Se denomina equinoccio al momento del año en que los días tienen una duración igual a la de las noches en todos los lugares de la Tierra, excepto en los polos. La palabra equinoccio proviene del latín aequinoctium y significa “noche igual“.

Alrededor de las 05:00 de la madrugada el Sol dirigirá sus rayos directamente sobre el Ecuador, ese día el tiempo diurno y el nocturno se igualan. Este momento, conocido como el Equinoccio de Otoño, es el arranque de la tercera estación del año en el hemisferio norte. Como festividad del Equinoccio de Otoño se le conoce también por los nombres de Cornucopia, la cosecha del vino, Mabon, Festival de Avalon, y el Shubun no Hi en Japón. Astrológicamente el sol entra en el signo de libra, la balanza, el equilibrio entre el dar y el recibir.

arboles de otoñoA partir de mañana en la tierra habrá más horas de oscuridad que de luz. Decimos adiós al verano y damos la bienvenida al momento que representa la segunda cosecha del año, el inicio de la estación otoñal. Pero esto no es motivo para entristecerse pues la naturaleza nos ofrecerá momentos de indescriptible belleza. Entramos en una época en la que los árboles caducifolios colorearán poco a poco el paisaje con sus característicos tonos ocres y marrones y el aire se impregnará de olores que creíamos tener olvidados. Así que no lloremos porque termina el verano, porque las lágrimas no nos dejarán ver el otoño.  Aunque estos regalos no nos estuviesen particularmente destinados, nosotros los recibimos, mientras que aquél que debe recibirlos, si es ingrato, no recibe nada.

La gratitud es una apertura de nuestro corazón y, al abrirlo, recibimos todo lo que hay de bello y de bueno en la naturaleza y en la vida. La apertura del corazón surge cuando ves y concibes al otro como una persona real, exactamente igual que tú. Si tomamos, debemos dar. Y aunque no tomemos, también debemos dar. De esta manera, desencadenamos un movimiento, y recibimos algo a cambio.

La compasión, Karunà, es un estado mental que hace que el corazón (mente) de los seres sensibles se conmueva cuando percibe y siente que hay sufrimiento en los demás. En otras palabras karunà es un deseo genuino de aliviar el sufrimiento en los otros. Esto incluye a todos los seres, humanos y no humanos. La verdadera compasión surge del sentimiento de que poseemos la valerosa capacidad de abarcarlo todo, de comunicarnos sin diferencias entre todos los seres, todas las cosas.

La generosidad compasiva es el fundamento de la auténtica vida espiritual. La imagen por excelencia del Budismo para representar a la compasión la encontramos en Avalokitesvara, también conocido como Kannon en japonés, el bodhisattva de los Mil Brazos, que representa, “el Amor Universal”, un ser que a través de la práctica de la atención consciente ha comprendido las raíces de su propio sufrimiento, las ha extirpado y vive de acuerdo a una verdadera libertad interior.

Todo lo que hacemos vuelve a nosotros. Si haces daño, te haces daño. Si das una caricia, también te la das. Todo lo que damos vuelve, el mal y el bien, incluso, no solo nuestros actos, sino también nuestros pensamientos acaban llegando al destino que le damos. El dar y recibir, según el Budismo, es un intercambio natural, pero asimétrico. Empecemos, por lo menos a aprender a dar cuando hemos tomado, esto, por sí, ya será un progreso. Cuanto más damos más recibimos, sin embargo lo contrario no funciona; no es verdad que cuanto más recibimos más damos.

 
Manuel Ortega
 
 
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