Ceremonia funeral: despedida de Fernando Rodríguez, Monho Hosan, monje zen.

En el Budismo tradicional, ante la muerte, se abre un periodo de 42 días, considerado de tránsito.
He visto en la familia china de mis hijos este comportamiento: altar con foto del difunto y a su lado y pies, cuencos de té y zumo de naranja, galletas, alguna vez arroz y, por supuesto, flores e incienso en manojos.

He tratado de respetar este ceremonial con los seres queridos que han ido falleciendo pues nuestra cultura de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo” con barnices de corrección social, siempre, siempre, me ha encogido el corazón.

Fernando_1Así que muerto el monje, Monho Hosan, amigo, Fernando Rodríguez Salazar, le hemos dado nuestra compañía y sus pastelillos y tacita de café en el altar del Dojo de Sevilla. Y, aquí, El día 19, a punto de cumplirse los 42 días le haremos la última ceremonia, con un frasquito de sus cenizas;  otras quedaron en Chipiona y, las más, irán a la Morejona, seguro con un árbol de fuertes raíces, como él habría querido. Con seriedad y humor, respeto y agradecimiento le despediremos. Y con afecto, ese afecto que no solía demostrar.

Es curioso que los dos habitantes primitivos de la Morejona han muerto.
Fernando, el fijo, constante, el demoledor de paredes, el tosco. Para mi, el extraño amigo.
Carlos, el que iba y venía intermitentemente, el que vigilaba la alimentación, cuidaba de un mínimo orden y limpieza, el delicado. El amigo hermano para mi.

Que Descansen en Paz.
 

Para terminar, unas pinceladas, un recuerdo:
La primera vez que apareció Fernando en el Dojo de Sevilla aún estábamos en el Patio de San Laureano (Puerta Real). Podría se el año 1989.
Apareció con botas y chaqueta rockabilly.
Le conocía un poco del puesto de churros de la Estación del Prado y, así que  le di algo de conversación.

Dijo que había visto un cartel y que le interesaba lo que hacíamos aquí.
– ¿Qué cartel? ¿Dónde?
– Ah,  En la calle Sierpes y ponía: “Zazen, la Vía del No-Miedo

Dicen los que le vieron antes de la incineración que su rostro era suave y relajado.
Apuesto porque la Vía del No-Miedo fue realizada, una vez más.

Gassho

               
Fátima Myoko Carrillo Perea

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