“Sobrecogido de asombro: 
mientras lo estaba mirando
el cerezo ha florecido”
(Palabras de luz de Ueshima Onitsura)
 

A primeros de abril, Tokyo se transforma para recibir la primavera zen. Se inicia la espectacular fiesta del Hanami: la contemplación de los cerezos que explosionan y florecen tiñendo de blanco la ciudad.  Una costumbre japonesa, celebrada anualmente, que se enfoca en disfrutar el florecer de las sakura (la flor del cerezo) y, por lo mismo, es uno de los eventos más esperados en Japón pues anuncia el fin de la estación invernal y la entrada de un clima más cálido. Es tradición acudir a cualquiera de los grandes parques, con un buen picnic, para disfrutar de esta eclosión de color en pleno centro de la urbe. Una fiesta que se prolonga hasta bien entrada la noche. La corta vida de la bella flor de cerezo representa a la perfección la brevedad de la existencia y el pasar incesante del tiempo.

Tú inspiras, espiras; eso es la vida. ¿Cómo lo haces? ¿Eres tú quien lo hace? Si eso es lo que crees, contén el aire por unos segundos y enseguida te darás cuenta de que no es así. No puedes contener la respiración por mucho tiempo. En cuestión de segundos la respiración se forzará a sí misma a expulsarlo. Vacía los pulmones de aire: en unos segundos descubrirás que tú no puedes hacer nada; la respiración se fuerza a sí misma a inspirar.

De hecho, la hierba crece por sí sola, exactamente como la respiración. Crece por sí misma; tú no eres el que hace.

 plantazen“Quietamente sentado, sin hacer nada,
llega la primavera y crece sola la hierba”
(Poema del Zenrin Kushu en “El Camino Del Zen”, de Alan W. Watts)
 
 

Por eso, en el zen, solo sentarse, zazen, se convierte en una de las acciones más importantes: presenciar el momento con la conciencia despierta. Simplemente permaneces sentado (shikantaza).  Solo sentarse  significa hacer zazen sin esperar obtener nada a cambio. En la práctica esto significa entregarse completamente a zazen y no hacer nada que no sea sentarse con la carne y los huesos. Si puedes sentarte en silencio, si puedes caer en una tremenda quietud, si puedes relajarte, si puedes abandonar todas las tensiones, solo respirar, los pensamientos llegan y llegan, y luego se van… Si llegan, bien; si no llegan, bien. No te implicas en lo que sucede, estás simplemente sentado sin ánimo de provecho: mushotoku

Cuando no hay nada que ganar, ni nada que comprender, sentarse en zazen es abandonar cuerpo y mente (shinjin datsuraku). Abandonar cuerpo y mente no es un estado psicológico maravilloso que se deba obtener como consecuencia de estar sentado en zazen. No es una teoría o el aprendizaje de un método, no es nada más que el regreso a la condición normal del cuerpo y el espíritu. La realización del equilibrio de nuestra existencia. Es la experiencia de la unidad absoluta.

Zazen en sí no es más que abandonar cuerpo y mente. Se trata de escapar de todo tipo de apego. Cuando nos sentamos en zazen, nuestro cuerpo y nuestra mente se desvanecen  y se manifiesta el verdadero dharma.

 
Manuel Ortega
 
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