Así lo he oído: en una disputa entre los monjes del ala derecha e izquierda del monasterio, por un gato, cogiéndolo Nansen, exhortó a los monjes a que dijeran algo. Nadie lo hizo. Nansen, cortó el gato por la mitad.

zen3Así lo he oído: el viejo monje Gutei levantaba el pulgar cada vez que era preguntado por algún aspecto del Dharma. El pequeño monje que estaba a su servicio tomo por costumbre repetir el gesto de su maestro. En un momento de descuido, Gutei cortó el dedo del monje.

Así lo he oído: Sunrihu Suzuki, llamaba la atención de sus discípulos, cuando hablaba del mandoble de su espada de doble hoja, que cortaba en las dos direcciones.

Así lo he oído: en el sutra del Diamante Cortador, Buda hace referencia a esta misma acción.

Los ejemplos son numerosos, pero el hilo conductor es el mismo: la práctica del no-apego.¨Cortar” en el Zen, es llevar a la práctica esta acción interminable.
El Diamante Cortador, lo tenemos a mano: la práctica de zazen.

Cuando Joshu, volvió al monasterio, Nansen le informó del incidente con el gato.
Joshu, poniéndose las sandalias en la cabeza, salió de la sala “casi desnudo, como los hijos de la mar “.
– ¨Si hubieras estado aquí, el gato no habría muerto¨, fueron las palabras de Nansen.

 
Luís Alonso
 
 
 
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